La trama de ametralladoras y traiciones detrás de la caída de un
pistolero y su novia entregadora
Christian Molinero fue acusado de cometer una
estafa por la Justicia de Quilmes. Un rastro de fotos de WhatsApp llevó a
descubrir un plan secreto para robar la empresa de construcción donde su pareja
trabajaba.
Le robó apenas 3800 pesos,
pero no tuvo mucha
suerte. Su cómplice, que lo esperaba en la vereda con su moto en marcha, se
espantó al ver a tres policías de la Federal acercarse, curiosos al ver su
vehículo. Así, pisó el acelerador y lo abandonó. Christian se quedó,
literalmente, con la réplica en la mano. El Tribunal N°13 lo condenó a siete meses
en noviembre de ese año. En cambio, tuvo más suerte en la Cámara de
Apelaciones. Ni siquiera pasó preso su condena completa. La Sala III lo soltó
en noviembre de 2016 con una caución juratoria. En 2018 lo acusaron de otro
robo, terminó absuelto.
Molinero Villafañe tenía una novia, Gisele
Paola Pérez, vecina de San José, zona de Almirante Brown, 33 años. Registrada
en los rubros de arquitectura e ingeniería de la AFIP, Gisele trabajaba como
técnica en higiene y seguridad desde comienzos de año en una constructora
porteña llamada Overcon. Lo que Gisele y Christian no sabían es que la fiscal
Ximena Santoro, de la UFI N°7 de Quilmes, investigaba a Molinero por una estafa
telefónica, un cuento del tío cometido el 2 de septiembre de este año que tuvo
como víctima a una pensionada de Bernal de 82 años. Fue un giro bastante
original sobre el falso secuestro. Le habían dicho que su hijo había tenido un
accidente y que necesitaban efectivo para su internación, incluso entregó el
dinero. Todo era mentira.
El caso quedó en manos de la División
Investigación Contra El Crimen Organizado de la Policía Bonaerense. Había con
qué comenzar. La línea telefónica con la que Molinero habría cometido la estafa
fue observada de cerca. Los detectives vieron cómo cambiaba de foto de perfil
de WhatsApp una y otra vez. Molinero no pudo con su ego. Posó con su cara y con
una gran cantidad de cadenas de oro, o lo que parece ser oro, con el torso
desnudo, imagen que ilustra esta nota.
En paralelo, la línea estaba siendo escuchada.
Allí, apareció Pérez, la novia. Le habló de una obra porteña de la empresa en
la que trabajaba y de un posible botín: un pago de jornales a los obreros que
podía asaltar. La ametralladora del video era para ser empleada en el ataque.
Luego, se arrepintieron.
En paralelo, la Bonaerense había comenzado a
seguirlos y filmarlos. Molinero continuó usando su cara en WhatsApp: fotos con
dólares, posaba también en la tribuna de Argentinos Juniors. Ciertamente, no
estaba cubriendo el rastro. Una visita a su mecánico en Villa Pueyrredón
permitió triangular la señal.
Así, fueron por él y por Pérez. Lo arrestaron
el viernes pasado en un domicilio de la calle Argerich. Le encontraron
teléfonos, computadoras, balas y chalecos policiales. Su pareja también fue
arrestada.
Molinero se negó a declarar ante la fiscal
Santoro y permanece detenida, confirmaron fuentes del caso. Pérez, imputada por
el caso, todavía no fue citada. El teléfono del pistolero fue abierto. Hay
conversaciones incómodas. En una de ellas, un ciudadano chino le entrega el
dato de un compatriota comerciante para que lo asalte. En una voz tenebrosa, le
marca a “un paisano”.
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