Informe: La Nación
Pasaron 773 días
desde la última y única vez que los expertos de la empresa Ocean Infinity, tres
familiares de tripulantes del submarino ARA San Juan y dos oficiales de la
Armada vieron los restos de la nave, que había desaparecido un año antes, en el
fondo del Atlántico sur.
A pesar de lo difícil que es llegar a la zona donde se hundió el submarino que transportaba 44 oficiales de la Armada, desde hace casi dos años se realiza una custodia digital de los restos y rige una prohibición para que cualquier embarcación se detenga en el lugar y sus alrededores.
Algunos de los familiares temen que, aunque de forma involuntaria, alguna embarcación de las que realizan “pesca de arrastre” no respete las restricciones y dañe los restos que podrían ser utilizados con fines periciales para conocer los motivos que derivaron en el naufragio.
El control es de
manera satelital y se vigila el tráfico marítimo por la zona ya que todas las
embarcaciones, por una disposición internacional, cuentan con un sistema de
monitoreo satelital que permite identificarlas y seguir la ubicación y el
trayecto.
“Restos náufragos del submarino ARA
San Juan constituyen prueba material en causa judicial. Se prohíbe toda actividad,
incluyendo la extracción de elementos y la toma de imágenes con la utilización
de AUV, ROV y equipo similar, para resguardo de condiciones físicas del
submarino y del lecho marino, en la siguiente área…”. Así comienza el texto del
aviso náutico que se publica desde el hallazgo y que debe renovarse todos los
años, según explican desde el Servicio de Hidrografía Naval (SHN) argentino, el
organismo responsable de informar a las embarcaciones la disposición legal que
pesa sobre la zona por disposición de la Justicia.
RECONSTRUCCIÓN DE LOS RESTOS DEL ARA EN EL FONDO DEL MAR
LA NACION dialogó con autoridades
nacionales, integrantes de las fuerzas a cargo del cuidado, fuentes judiciales,
expertos en geología y familiares de los marinos para conocer detalles sobre el
monitoreo del submarino.
Los océanos del mundo están divididos
en 21 áreas que son custodiadas por 17 países. Cada área se denomina Navarea,
que proviene del término inglés Navigation Area.
De esta forma, se identifican cada una
de las 21 áreas del mar, que se establecieron con el fin de coordinar la
transmisión de las alertas a los navegantes por frecuencias de radio o vía
satélite. La división fue determinada por la Organización Marítima
Internacional (IMO por su sigla en inglés).
El Servicio de Hidrografía Naval
argentino es el responsable de transmitir las novedades de la Navarea 6 que se
extiende desde el límite entre Brasil y Uruguay hasta la Antártida. Justamente
en esa área es donde está hundido el ARA San Juan desde el 15 de noviembre del
2017.
“La cuadratura la dispusimos a la
semana de que se hallaran los restos, el 16 de noviembre de 2018 y creemos que
siempre lo mantendremos protegido”, asegura una fuente judicial a LA NACION.
Mientras se tramitan en la Justicia
dos causas, una sobre los responsables del hundimiento y otra sobre las causas,
desde los tribunales indicaron a este medio que las imágenes obtenidas durante
el hallazgo en la medianoche del 16 de noviembre de 2018 son “bastante claras”
y que permitieron ver que el interior del submarino quedó comprimido por lo que
no se podrían encontrar otras pruebas dentro de la nave, que redujo un tercio
su tamaño por la presión del agua tras la implosión que sufrió luego de superar
los 600 metros de profundidad, el máximo que estaba preparado para resistir.
Tras la ronda en la que familiares de
los 44 marinos pudieron ver las imágenes, entre fines de abril y principios de
mayo del año pasado, nadie más pudo acceder al material generado por la
compañía norteamericana que encontró el submarino cuando se disponía a
suspender las tareas de rastrillaje.
Las familias de los tripulantes
insisten en la idea de recuperar los restos, es decir, de poder reflotar la
nave del fondo del mar. Respecto a la preservación del lugar, el temor que
expresan algunas es que, al tratarse de un monitoreo “virtual” y no físico, se
pueda profanar la zona o alterar parte de los restos que podrían llegar a
servir como pruebas. Las fuentes judiciales consultadas explicaron que las
imágenes obtenidas son suficientes para avanzar con las investigaciones.
“El lugar donde está hundido ya es
considerado aguas internacionales. Por suerte, logramos que el gobierno
anterior no haya dado de baja al submarino. Entonces, sigue siendo propiedad de
la Argentina y se evitó que el ARA quede como un montón de fierros en aguas
internacionales. Que alguien lo toque sería algo gravísimo”, afirma Luis
Tagliapietra, padre de uno de los tripulantes.
“Los restos están a 500 kilómetros de
la costa, unas 280 millas marinas. Es una zona difícil de custodiar. Si mañana
quiere ir alguien y tomar imágenes, nos vamos a enterar cuando salgan a la
luz”, completa.
Como si el hallazgo hubiese sucedido
ayer, Tagliapietra, que estuvo los 72 días de búsqueda en altamar junto al
equipo de Ocean Infinity, logra reconstruir en detalle las horas previas a que
un tubo de aire comprimido del submarino apareciera en pantalla en la
medianoche del 16 de noviembre del 2018 y les diera la primera señal de haber
encontrado el ARA San Juan.
“Dos semanas antes, Patrick que era el
jefe del operativo nos había dicho que la operación no iba a seguir, que no
tenían más nada que hacer, que iban a volver a tierra para analizar mejor los
datos previos y los recolectados por los AUV (vehículo submarino autónomo).
Para nosotros fue un golpe muy duro. Me largué a llorar y, después de varias
negociaciones, conseguimos que cumplieran la parte del contrato que hablaba de
60 días de búsqueda activa, todavía faltaban 12”, relata a LA NACIÓN
Tagliapietra, que además es abogado y querellante en las causas que buscan dar
con los responsables del hundimiento y sus causas.
La expedición no se interrumpió, el
hallazgo todavía era posible. “Se resolvió volver a explorar la zona primigenia
donde todo indicaba que podía estar y ya se había revisado varias veces. La
diferencia fue que se decidió calibrar a los AUV en su máxima resolución, la
más fina posible. Así fue que durante 10 días ‘se barrió’ esa zona en máxima
resolución”, continúa el familiar.
El Seabed Constructor, el barco desde el
que se hacía la búsqueda, se dirigió a la zona de Península Valdés. “Tuvimos un
día de navegación para llegar hasta ese punto. Durante ese tiempo, se
analizaron las imágenes que se habían generado durante los 10 días previos. Es
ahí donde Andrew, un geólogo francés que trabajaba para Ocean Infinity, detecta
un efecto inusual en el suelo alrededor de un lugar que se había observado
previamente y se había catalogado como una formación rocosa. Incluso el Yantar,
el buque ruso de última generación que había participado de los rastrillajes,
lo había clasificado como formación geológica. Lo que vio Andrew es que,
alrededor de esa formación geológica había una suerte de onda expansiva en el
piso y eso fue lo que le llamó la atención”, detalla.
Aquella pista resultó fundamental, el
camino hacia el hallazgo estaba trazado, pero nadie lo sabía. “Nosotros
estábamos en la sala de control del ROV. En mi caso, me había hecho amigo de
Alex, un noruego que es el que operaba el ROV y me permitía estar a su lado
mientras hacía la búsqueda. A las 12 y pico de la noche vimos el primer resto.
Yo estaba en cuclillas al lado de Alex. Cuando vemos ese primer resto, me di
vuelta y le pregunté al capitán si podía ser del ARA San Juan. No me olvido
nunca más la expresión en su cara y cuando me dijo que podía ser. Lo primero
que vimos fue un tubo de aire comprimido.
Cuando el ROV siguió avanzando
aparecieron otros restos y cuando vimos la vela del submarino se dio la
confirmación fehaciente. Se suspendió el trabajo para poder comunicar a las
autoridades que lo habíamos encontrado”, recuerda Tagliapietra.
“En ese momento, estábamos los tres
familiares juntos. Entre lágrimas y suspiros, nos abrazamos. Había un silencio
total en la tripulación del buque. Es muy difícil explicar con palabras lo que
sentimos, fue una mezcla de profunda tristeza con alivio”, relata con la voz
entrecortada. “Esa noche no dormimos y pasé casi 48 horas despierto”, finaliza.
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