lunes, 16 de noviembre de 2020

¿CÓMO SE CUSTODIA EL ARA SAN JUAN EN EL FONDO DEL MAR.? A TRES AÑOS DEL HUNDIMIENTO….

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 Informe: La Nación

Pasaron 773 días desde la última y única vez que los expertos de la empresa Ocean Infinity, tres familiares de tripulantes del submarino ARA San Juan y dos oficiales de la Armada vieron los restos de la nave, que había desaparecido un año antes, en el fondo del Atlántico sur.

 


A pesar de lo difícil que es llegar a la zona donde se hundió el submarino que transportaba 44 oficiales de la Armada, desde hace casi dos años se realiza una custodia digital de los restos y rige una prohibición para que cualquier embarcación se detenga en el lugar y sus alrededores. 

Algunos de los familiares temen que, aunque de forma involuntaria, alguna embarcación de las que realizan “pesca de arrastre” no respete las restricciones y dañe los restos que podrían ser utilizados con fines periciales para conocer los motivos que derivaron en el naufragio.

El control es de manera satelital y se vigila el tráfico marítimo por la zona ya que todas las embarcaciones, por una disposición internacional, cuentan con un sistema de monitoreo satelital que permite identificarlas y seguir la ubicación y el trayecto.

“Restos náufragos del submarino ARA San Juan constituyen prueba material en causa judicial. Se prohíbe toda actividad, incluyendo la extracción de elementos y la toma de imágenes con la utilización de AUV, ROV y equipo similar, para resguardo de condiciones físicas del submarino y del lecho marino, en la siguiente área…”. Así comienza el texto del aviso náutico que se publica desde el hallazgo y que debe renovarse todos los años, según explican desde el Servicio de Hidrografía Naval (SHN) argentino, el organismo responsable de informar a las embarcaciones la disposición legal que pesa sobre la zona por disposición de la Justicia.

RECONSTRUCCIÓN DE LOS RESTOS DEL ARA EN EL FONDO DEL MAR

 


LA NACION dialogó con autoridades nacionales, integrantes de las fuerzas a cargo del cuidado, fuentes judiciales, expertos en geología y familiares de los marinos para conocer detalles sobre el monitoreo del submarino.

Los océanos del mundo están divididos en 21 áreas que son custodiadas por 17 países. Cada área se denomina Navarea, que proviene del término inglés Navigation Area.

 

De esta forma, se identifican cada una de las 21 áreas del mar, que se establecieron con el fin de coordinar la transmisión de las alertas a los navegantes por frecuencias de radio o vía satélite. La división fue determinada por la Organización Marítima Internacional (IMO por su sigla en inglés).

 

El Servicio de Hidrografía Naval argentino es el responsable de transmitir las novedades de la Navarea 6 que se extiende desde el límite entre Brasil y Uruguay hasta la Antártida. Justamente en esa área es donde está hundido el ARA San Juan desde el 15 de noviembre del 2017.

 

“La cuadratura la dispusimos a la semana de que se hallaran los restos, el 16 de noviembre de 2018 y creemos que siempre lo mantendremos protegido”, asegura una fuente judicial a LA NACION.

Mientras se tramitan en la Justicia dos causas, una sobre los responsables del hundimiento y otra sobre las causas, desde los tribunales indicaron a este medio que las imágenes obtenidas durante el hallazgo en la medianoche del 16 de noviembre de 2018 son “bastante claras” y que permitieron ver que el interior del submarino quedó comprimido por lo que no se podrían encontrar otras pruebas dentro de la nave, que redujo un tercio su tamaño por la presión del agua tras la implosión que sufrió luego de superar los 600 metros de profundidad, el máximo que estaba preparado para resistir.

 

Tras la ronda en la que familiares de los 44 marinos pudieron ver las imágenes, entre fines de abril y principios de mayo del año pasado, nadie más pudo acceder al material generado por la compañía norteamericana que encontró el submarino cuando se disponía a suspender las tareas de rastrillaje.

 

Las familias de los tripulantes insisten en la idea de recuperar los restos, es decir, de poder reflotar la nave del fondo del mar. Respecto a la preservación del lugar, el temor que expresan algunas es que, al tratarse de un monitoreo “virtual” y no físico, se pueda profanar la zona o alterar parte de los restos que podrían llegar a servir como pruebas. Las fuentes judiciales consultadas explicaron que las imágenes obtenidas son suficientes para avanzar con las investigaciones.

 

“El lugar donde está hundido ya es considerado aguas internacionales. Por suerte, logramos que el gobierno anterior no haya dado de baja al submarino. Entonces, sigue siendo propiedad de la Argentina y se evitó que el ARA quede como un montón de fierros en aguas internacionales. Que alguien lo toque sería algo gravísimo”, afirma Luis Tagliapietra, padre de uno de los tripulantes.

“Los restos están a 500 kilómetros de la costa, unas 280 millas marinas. Es una zona difícil de custodiar. Si mañana quiere ir alguien y tomar imágenes, nos vamos a enterar cuando salgan a la luz”, completa.

 

Como si el hallazgo hubiese sucedido ayer, Tagliapietra, que estuvo los 72 días de búsqueda en altamar junto al equipo de Ocean Infinity, logra reconstruir en detalle las horas previas a que un tubo de aire comprimido del submarino apareciera en pantalla en la medianoche del 16 de noviembre del 2018 y les diera la primera señal de haber encontrado el ARA San Juan.

“Dos semanas antes, Patrick que era el jefe del operativo nos había dicho que la operación no iba a seguir, que no tenían más nada que hacer, que iban a volver a tierra para analizar mejor los datos previos y los recolectados por los AUV (vehículo submarino autónomo). Para nosotros fue un golpe muy duro. Me largué a llorar y, después de varias negociaciones, conseguimos que cumplieran la parte del contrato que hablaba de 60 días de búsqueda activa, todavía faltaban 12”, relata a LA NACIÓN Tagliapietra, que además es abogado y querellante en las causas que buscan dar con los responsables del hundimiento y sus causas.

 

La expedición no se interrumpió, el hallazgo todavía era posible. “Se resolvió volver a explorar la zona primigenia donde todo indicaba que podía estar y ya se había revisado varias veces. La diferencia fue que se decidió calibrar a los AUV en su máxima resolución, la más fina posible. Así fue que durante 10 días ‘se barrió’ esa zona en máxima resolución”, continúa el familiar.

 

El Seabed Constructor, el barco desde el que se hacía la búsqueda, se dirigió a la zona de Península Valdés. “Tuvimos un día de navegación para llegar hasta ese punto. Durante ese tiempo, se analizaron las imágenes que se habían generado durante los 10 días previos. Es ahí donde Andrew, un geólogo francés que trabajaba para Ocean Infinity, detecta un efecto inusual en el suelo alrededor de un lugar que se había observado previamente y se había catalogado como una formación rocosa. Incluso el Yantar, el buque ruso de última generación que había participado de los rastrillajes, lo había clasificado como formación geológica. Lo que vio Andrew es que, alrededor de esa formación geológica había una suerte de onda expansiva en el piso y eso fue lo que le llamó la atención”, detalla.

Aquella pista resultó fundamental, el camino hacia el hallazgo estaba trazado, pero nadie lo sabía. “Nosotros estábamos en la sala de control del ROV. En mi caso, me había hecho amigo de Alex, un noruego que es el que operaba el ROV y me permitía estar a su lado mientras hacía la búsqueda. A las 12 y pico de la noche vimos el primer resto. Yo estaba en cuclillas al lado de Alex. Cuando vemos ese primer resto, me di vuelta y le pregunté al capitán si podía ser del ARA San Juan. No me olvido nunca más la expresión en su cara y cuando me dijo que podía ser. Lo primero que vimos fue un tubo de aire comprimido.

Cuando el ROV siguió avanzando aparecieron otros restos y cuando vimos la vela del submarino se dio la confirmación fehaciente. Se suspendió el trabajo para poder comunicar a las autoridades que lo habíamos encontrado”, recuerda Tagliapietra.

 

“En ese momento, estábamos los tres familiares juntos. Entre lágrimas y suspiros, nos abrazamos. Había un silencio total en la tripulación del buque. Es muy difícil explicar con palabras lo que sentimos, fue una mezcla de profunda tristeza con alivio”, relata con la voz entrecortada. “Esa noche no dormimos y pasé casi 48 horas despierto”, finaliza.


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