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LA ESPECIE
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Aún no hay pruebas de
que las muertes hayan sido causadas con dolor por los humanos, agregó.
The New York Times
África
El
25 de mayo, los conservacionistas estaban sobrevolando la franja del Okavango
de Botsuana cuando vieron algo perturbador: 169 elefantes muertos. Un segundo
vuelo en junio reveló más cadáveres, por lo que el total aumentó a 356. Algunos
de los animales parecían haber muerto de pronto, al caer sobre su pecho
mientras caminaban o corrían. No les quitaron los colmillos, lo cual sugiere
que quizá no se debió a la caza furtiva.
Sin embargo, los expertos no tenían muchas pistas para
saber si la causa era algo siniestro, como envenenamiento, o una enfermedad
adquirida de manera natural de la que los elefantes se recuperarán.
“Conforme crecen las poblaciones de elefantes, es más
probable que haya muertes masivas, probablemente a una mayor escala que esta”,
comentó Chris Thouless, dirigente de investigaciones de Save the Elephants, una
organización conservacionista con sede en Kenia. “La muerte no es divertida,
pero les llega a todos los seres vivos”.
No obstante, otros conservacionistas expresaron una
mayor preocupación.
“En Botsuana, los elefantes enfrentan una enorme
crisis”, comentó Mark Hiley, director de operaciones de rescate de National
Park Rescue, una organización sin fines de lucro con sede en el Reino Unido que
combate la caza furtiva en África. “Lo más importante ahora es que un equipo
independiente visite la zona —que tome muestras de varios cadáveres, del suelo
y de las vías fluviales— e identifique qué está causando las muertes”.
Los investigadores de Elephants Without Borders, el
grupo conservacionista de Botsuana que llevó a cabo los vuelos en los que se
documentó el problema, observaron a algunos elefantes que parecían estar
desorientados, incluyendo a uno que estaba caminando en círculos. Otros estaban
arrastrando las patas traseras, como si estuvieran paralizados, y otros más
parecían aletargados y demacrados. Machos y hembras, jóvenes y viejos: la
afectación no hacía distinciones.
Botsuana es hogar de casi 130.000 elefantes de sabana,
o casi un tercio de la población restante del mundo. Aunque hay algunas señales
de que la caza furtiva de elefantes y rinocerontes quizá esté aumentando en el
lugar, muchos conservacionistas aún consideran que el país es un refugio seguro
y esencial para los elefantes.
En un informe enviado a los funcionarios de gobierno,
Elephants Without Borders calculó que esta serie de muertes misteriosas comenzó
al menos desde marzo. El número total de elefantes muertos casi con seguridad
supera la cifra de 356, escriben los autores, porque sus vuelos no cubrieron
toda la zona afectada.
Algunos conservacionistas dicen que el gobierno del
país no se está tomando muy en serio las muertes. Los funcionarios recogieron
muestras de los elefantes muertos para llevar a cabo pruebas en mayo, pero aún
no han emitido los resultados.
“Esto comenzó hace meses y, para este momento, el
gobierno debería ser capaz de decirles claramente a todos de qué se trata”,
comentó Hiley. “Hay muchos laboratorios de prestigio que podrían dar un
resultado”. Los retrasos en las pruebas, agregó, “literalmente podrían estar
matando a los elefantes”.
Mmadi Reuben, el veterinario principal del Departamento
de Vida Silvestre y Parques Nacionales de Botsuana, dijo que el gobierno se
estaba tomando en serio las muertes y había respondido “de manera veloz,
adecuada y responsable”.
Dijo que algunas pruebas han descartado causas comunes
como el ántrax, que es causado por bacterias que viven de manera natural en el
suelo. Él y sus colegas ahora están trabajando con laboratorios en Zimbabue,
Sudáfrica y Canadá para realizar más pruebas. “No será algo de una sola ocasión
en la que digamos: ‘Hemos enviado las muestras. Ya acabamos’”, dijo Reuben. “Es
un diálogo continuo con distintos laboratorios”.
Aún no hay pruebas de que las muertes hayan sido
causadas con dolor por los humanos, agregó.
El cianuro, que los cazadores furtivos a veces usan
para envenenar a los elefantes, parece una causa poco probable, porque los
cadáveres suelen estar agrupados juntos donde se usó el veneno. También suele
matar a otros animales, pero ninguna otra especie parece haberse visto afectada
en este caso. No obstante, es posible que pudieran usarse otros venenos para
matar a los elefantes, y Hiley dice que algunos de ellos pueden disiparse
rápidamente.
La COVID-19, agregó, era otra causa poco probable,
porque la enfermedad aún no ha infectado a los pobladores de las comunidades
del Okavango. Aún no hay pruebas de que los elefantes puedan contraer el virus.
Thouless sospecha que una enfermedad natural sea la
causa más probable. Un candidato principal es la encefalomiocarditis, una infección
viral que puede ser transmitida por roedores y puede causar síntomas
neurológicos. Mató a casi 60 elefantes en el Parque Nacional Kruger de
Sudáfrica a mediados de la década de 1990. Botsuana hace poco también salió de
una sequía, que pudo haber dejado estresados y más susceptibles a enfermedades
a algunos elefantes, comentó Thouless.
En este momento, continuó, las muertes no constituyen
una crisis de conservación, porque los números documentados hasta ahora
representan un pequeño porcentaje de los 15.000 a 20.000 elefantes que viven en
la franja del Okavango. “Esto es angustiante, pero actualmente es trivial en
términos de las poblaciones”, señaló.
Los ejemplos del pasado también muestran que, cuando
las condiciones son favorables, los elefantes pueden recuperarse rápidamente.
En 1970 y 1971, por ejemplo, una sequía en el Parque Nacional de Tsavo Oriental
en Kenia acabó con 5900 de los 35.000 elefantes del parque, según cálculos.
Para 1973, la población contaba con 35.000 especímenes de nuevo.
“Hay un límite en la cantidad de intervenciones que
vale la pena realizar en la naturaleza”, dijo Thouless. “Puedes llevar a cabo
una gran cantidad de esfuerzos sin lograr nada distinto en términos de
conservación”.
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