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El 14 de junio
de 1982 fue la capitulación. En la guerra cayeron 649 argentinos que
combatieron con coraje y honor.
Caídos
argentinos: 194 de Ejército (16 oficiales, 35 suboficiales, 143 soldados); 377
de la Armada (323 del Belgrano, 8 del Sobral, 1 del Santa Fe, 1 del Guerrico, 5
del Isla de los Estados, 34 de Infantería, 1 del Apostadero Naval Malvinas y 4
pilotos); 55 de Fuerza Aérea (41 aviadores); 7 de Gendarmería; 2 de
Prefectura; 16 agentes civiles.
Las cruentas batallas finales y los tres sangrientos últimos días de la
guerra de Malvinas
guerra de Malvinas
Desde el 12 de
junio el cerco británico comenzó a cerrarse sobre Puerto Argentino. La
rendición llegó el día 14, pero antes los soldados argentinos combatieron con
coraje frente a un enemigo que avanzó a sangre y fuego. El dramático recuerdo
de aquellos feroces combates en primera persona
El
12 de junio a la mañana los británicos tomaron el Monte Harriet . El Regimiento
4 de Infantería (RI 4), después de ser rodeado por efectivos superiores se
había rendido. Así lo describe el general británico Julian Thompson:
Fracciones del RI 6 y del RI 7, se habían replegado sobre
Puerto Argentino después de combatir en los montes Dos Hermanas y Longdon,
donde perdió la vida el observador adelantado del Grupo de Artillería 3 (GA 3)
teniente Alberto Ramos.
El
enemigo dedicó ese día a reorganizarse y adelantar su artillería. Mientras
transportaban sus cañones de 105 mm enganchados en sus helicópteros, abrimos
fuego con munición con espoletas a tiempo (hacen explotar los proyectiles en el
aire) y uno de mis observadores adelantados informó que un helicóptero británico había caído en llamas. El
fuego de contra artillería de los ingleses cesó de inmediato.
Se esperaba el inminente ataque a los
cerros Tumbledown, William y a Sapper Hill, situados a 7, 6 y 3 km respectivamente de Puerto
Argentino, defendidos por el Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM 5), a
órdenes del capitán de fragata Carlos H. Robacio.
Ese Batallón poseía un alto grado de adiestramiento adaptado
al clima, tenía su dotación de hombres, material y armamento completos, y su
sistema logístico no experimentó alteración alguna porque fue abastecido en
forma directa por aviones de la Armada. Su asiento de paz era Río Grande, en la
isla de Tierra del Fuego. Su batería de 6 obuses de 105 mm se incorporó al
sistema unificado de control y dirección de fuego que operaba el Comando de
Artillería del Ejército de la guarnición Malvinas.
Con
el BIM 5 realicé coordinaciones estrechas que dieron resultado en los combates
más intensos que se libraron en las últimas 48 horas. Operamos con una
precisión e integración que parecía haber sido consecuencia de ejercitaciones
previas en el continente, cuando en realidad nos conocimos el 15 de abril en
Malvinas.
Como profesionales recordábamos la experiencia alemana en la
Segunda Guerra Mundial, que con claridad lo expresó entonces el mariscal alemán
Erich von Manstein en 1942 referido al cerco ruso en Stalingrado, como
consecuencia de la inmovilidad, agotamiento y falta de apoyo aéreo y logístico:
"A pesar de una resistencia heroica, la lucha de los
últimos días produjeron irrupciones enemigas profundas, que hasta ahora solo
pueden ser contenidas precariamente. Reservas ya no existen, ni pueden ser
formadas tampoco. La munición alcanza apenas para tres días; combustible no hay
más. Las armas pesadas ya no pueden ser movidas. Elevadas
pérdidas y un abastecimiento deficiente, unidos a un frío muy intenso, han
hecho descender considerablemente, además, la capacidad de resistencia de la tropa. Cabe
prever que, si los ataques enemigos continúan con la misma intensidad, el
frente probablemente no resistirá más que algunos días […]. Las condiciones
impidieron nuevamente el abastecimiento por vía aérea, así como el empleo de la
aviación de combate para aliviar al Ejército en su difícil lucha".
Salvando las circunstancias de tiempo , modo , lugar y
efectivos en pugna nuestra situación guardaba cierta relación con lo expresado.
A
la tarde del 12 de junio, un avión
Harrier, con su inconfundible sonido, nos sobrevoló a unos 300 metros de altura
y abrió fuego con cañones y misiles sobre una de mis
baterías de cañones de 155 mm ubicados en ladera este de Sapper Hill.
Temí lo peor, pero solo tuvimos 7
heridos leves: el cabo primero Omar Livorio y 6 soldados.
Los refugios para los operadores de los cañones preparados por el teniente
primero Luis Daffunchio limitaron los efectos del ataque del avión. El
adversario arriesgó un Harrier que cuesta más de 25 millones de dólares para
neutralizar 2 cañones que no superan el 1 % de esa cifra, prueba evidente que
el fuego de los mismos los afectaba.
El día 13 amaneció claro y soleado. Desde la mañana se inició un duelo de artillería
entre los dos bandos, y recibimos el fuego de contrabatería más intenso de toda
la guerra, más de cientos de proyectiles de 105 mm, disparados por la
artillería británica.
Turba y polvo oscurecieron el soleado día. Las explosiones alrededor de nosotros se sucedieron
sin interrupción. El saldo fue de un muerto, el cabo Angel
Quispe, y 2 suboficiales y 4 soldados heridos.
Fuentes británicas consignaron a esas acciones como: "…un episodio terrorífico, desesperado y al
mismo tiempo trágico".
Pero faltaba lo más duro que sucedería durante la noche. Mientras
esto ocurría, por radio nos enteramos de que en Buenos Aires lo que más
preocupaba era el Campeonato Mundial de Fútbol, en España: la Selección
Argentina había perdido 1 a 0 contra Bélgica.
La falsa, cuando no inexistente,
información que proporcionaban el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor
Conjunto a nuestro pueblo impidió que este tomara real dimensión del esfuerzo y
el sacrificio de los hombres que por un sentimiento combatían en Malvinas.
La noche del 13 al 14 de junio el GA 3 y el GA 4, a órdenes
del teniente coronel Carlos Quevedo, apoyamos el repliegue del BIM 5 y a una
pequeña fracción de un Escuadrón de Caballería, a pie, a órdenes del Capitán
Rodrigo Soloaga.
En el combate de Tumbledown los
ingleses contaron con una superioridad de 5 a 1 , y enfrentaron una resistencia
jamás pensada.
Fue una noche larga, interminable y
confusa.
La oscuridad, iluminada por el rojo de
la munición trazante de las ametralladoras, el resplandor y estampido que
dejaban los proyectiles al salir de la boca de nuestros cañones, el silbido de
los proyectiles de la artillería británica antes del impacto, daban a la noche
una imagen dantesca al perforar la oscuridad como si fuera un espectáculo de
fuegos artificiales, pero en nuestro caso letales.
A media mañana llegó la orden de
"alto el fuego".
Un silencio sepulcral reinaba en nuestra zona. La absurda
aventura, que se inició el 1° de mayo había finalizado. El saldo fue de más de 600 muertos y mutilados, y
centenares de hombres afectados por el estrés postraumático.
Los primeros en reconocer el comportamiento de nuestras
fuerzas fueron los británicos.
Uno de ellos, el comandante de la 5ta Brigada de
Infantería, Anthony Wilson, dijo: "No cabe duda de que los hombres que se
nos opusieron eran soldados tenaces y competentes, y muchos han muerto en su
puesto".
Estoy convencido que la guerra es una desgracia para
cualquiera de los adversarios. Siempre es mejor el sendero de la paz.
*Ex Jefe del Ejército Argentino. Veterano de la Guerra de
Malvinas y ex Embajador en Colombia y Costa Rica.
A Nuestros Soldados Caídos en Combate - Q.E.P.D -
El Respeto a Todo Aquel que Luchó sin Descanso y un Gracias a Dios por la Vuelta al Hogar.
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